Enfrentar nuevas pérdidas

Todos los días perdemos una o varias cosas en nuestra vida, puede ser un lápiz, un atardecer, la sensación de autonomía, la salud, el trabajo, un ser querido o, incluso, cuando creemos que “no perdemos” nada, “perdemos” un día de vida. Algunas de las pérdidas anteriores son parte de la vida de todas las personas; por desgracia eso no lo hace más fácil de procesar y ahora vivimos una realidad más acelerada con respecto a ello; es como si miráramos la “pérdida” a los ojos.

En un parpadear hemos perdido aún más: la independencia, la libertad de movimiento, la posibilidad de ver a nuestros seres queridos y abrazarlos, estabilidad económica, incluso, en algunas partes del país, se ha perdido el respeto por el personal médico y hospitalario; todo esto es una sensación muy dolorosa que parece compartida por una parte significativa de la población.

¿Qué pasaría si de igual forma pensamos en todo lo ganado tras esta crisis?

Por ejemplo, hemos retomado contacto con personas de quienes no sabíamos hace años, hemos encontrado fotografías y con ellas hemos mirado nuestros recuerdos e historia de vida, hemos descubierto la curiosa sensación de no “estar de prisa por la vida”, nos han asombrado habilidades que no creíamos tener, hemos revalorado el trabajo, la salud, el amor, la amistad, la familia, las experiencias, los recuerdos… la vida misma. Quizás habremos perdido mucho después de esta crisis, no cabe duda que será un reto soltar y aceptarlo, pero al final, ojalá y sea más lo ganado y aprendido.

 Si debido a alguna pérdida humana presentas síntomas como:

  • Tristeza profunda, dolor y pensamientos constantes acerca de la pérdida del ser querido
  • Falta de concentración en cuestiones que no sean la muerte del ser querido
  • Atención extrema a los recuerdos del ser amado o la anulación excesiva de los recuerdos
  • Deseo o añoranza intensos y persistentes por el difunto
  • Problemas para aceptar la muerte
  • Resentimiento por la pérdida
  • Sentimiento de que la vida no tiene sentido ni propósito
  • Falta de confianza en otros
  • Incapacidad para disfrutar la vida o para recordar las experiencias positivas vividas junto con tu ser querido
  • Aflicción intensa
  • Dificultad para desenvolverte que no mejora, al menos, un año después de la pérdida de tu ser querido

Te sugerimos leer nuestro apartado de Duelos y hablar con un especialista del área de salud mental, aquí te podemos ayudar.

Si necesitas apoyo para tratar este tema puedes hacerlo con nuestros psicólogos en línea.