Enojo

“Cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil”. Aristóteles. Ética a Nicómaco.

Cuando sentimos ira o enojo, la sangre fluye a las manos, nuestro ritmo cardiaco se incrementa y también se presenta un aumento de hormonas como la adrenalina; lo anterior, provoca que el cuerpo genere una cantidad de energía suficiente para poder realizar una acción fuerte.

Las causas que nos provocan ira son muy variables. Puede ser desde el recuerdo de un evento indignante o injusto, creencias sobre ti mismo o sobre la forma en la que esperas que los demás actúen. Tu historia, tus tendencias heredadas y tu neuroquímica también influyen en la forma en la que manejas esta emoción. Sentir enojo no es malo, en realidad, ninguna emoción es mala porque todas tienen una función, la incomodidad se hace presente cuando nuestra emoción es desproporcionada, nos causa conflictos con los otros, o nos hace sentir sin control de ella.

 Algunas formas de manejar el enojo:

  • Analiza lo que sientes y descifra si es algo que necesitas expresar; si es así, tómate unos segundos o minutos para clarificarlo y después, con más calma, exprésalo.
  • Escribe todo tu sentir sin importar si tiene orden o lógica, únicamente escribe y descarga todo.
  • Realiza ejercicio físico para liberar energía de una forma positiva y constructiva.
  • Practica ejercicios de respiración y relajación, estos te ayudarán a regularte.
  • Aplica el “tiempo fuera” y apártate de la persona o situación que te causen sensación de malestar, por lo menos 10 minutos, esto ampliará tu perspectiva y podrás ver mejor el panorama.

Al comunicar tus preocupaciones y necesidades, lo ideal es hacerlo de forma clara y directa, optar por la expresión constructiva sin lastimar a otros y sin reaccionar de una forma que no quieres.